Identidades

Reloj de arena
Luz y tiempo, por @chemamunozrosa

Había aprendido a leer en aquella vieja cartilla de párvulos que su madre aún guardaba. En cuanto que supo que el baloncesto le gustaba tanto, invertía la paga semanal en Gigantes del Básket . En la Facultad de Ciencias de la Información abandonó los cuadernos de cuadros por los folios para tomar apuntes. Todos los días trataba de comprar un periódico, al menos, para informarse. Más adelante, en el trayecto hacia el trabajo no levantaba los ojos del libro, ajeno a los demás. Había vivido entre papeles. Era un ser humano compuesto por proteínas, glúcidos, grasas… y ¡papel!.

Su acompañante vital, en ocasiones, tenía un aspecto serio, otras arrugado. Desde muy pronto adquirió el hábito de recortar lo más destacado de los diarios. Bueno, del diario que él seguía leyendo después de 20 años. Deseaba que llegara el día de su jubílación para poder ajustar cuentas con su extensa biblioteca. Era un hombre de papel. Su identidad estaba hecha a base de letra impresa.

Cuanto tenía una duda, acudía al diccionario que había en su mesa. Si tenía que hacer un trabajo, se pasaba horas en la biblioteca. La vida, entre papeles, podría parecer gris y lenta. ¿Solitaria? El papel lo definía. A él y a otros cientos de personas.

Un día se enteró, en el periódico, dónde si no, que había empezado a usarse en la Universidad un sistema de correo a través de ordenadores. En una marquesina vió el primer Motorola, de dimensiones impresionates. Impresionaba ver a alguien portando ese aparato para ¡hablar por teléfono!

Eran los primeros cambios en un ecosistema informativo (y relacional) que iba a evolucionar exponencialmente. Y muy rápido. En un par de años, se generalizó el uso de Internet y del correo electrónico. Empezó a tener direcciones de correo. Ocupó las manos mandando mensajes desde su pequeño móvil azul, que con los años fue ganando en prestaciones hasta convertirse en un teléfono inteligente.

Ahora, si quería buscar algo no abría ninguno de los volúmnes de la edición abreviada del diccionario de la Real Academia Española; tan solo tecleaba en su web y en unos segundos obtenía el resultado. Por ejemplo, identidad:

“identidad.

(Delb.lat.identĭtas, -ātis).

1. f. Cualidad de idéntico.

2. f. Conjunto de rasgos propios de un individuo o de una colectividad que los caracterizan frente a los demás.

3. f. Conciencia que una persona tiene de ser ella misma y distinta a las demás.

4. f. Hecho de ser alguien o algo el mismo que se supone o se busca.

5. f. Mat. Igualdad algebraica que se verifica siempre, cualquiera que sea el valor de sus variables.”

Se daba cuenta de que era un inmigrante en la llamada Sociedad de la Información. ¿Tanto había cambiado todo? Ahora, en su biblioteca se había colado un eBook. Tenía un phablet, diferentes memorias multimedia con capacidad para varios teras, cuentas de usuario en twitter, facebook, prezi y otros tantos servicios de la web 2.0.

Ahora, también tenía una identidad digital. Pero él seguía sintiéndose de papel…

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